La columna semanal de El Pesao
Contentos de disfrutar unas fiestas en nuestra ciudad, nuestros hijos recibieron una atención especial en nuestro barrio, La Garena, obteniendo unos castillos hinchables y un tren que les daba paseos por el barrio. Cuando llego la hora de disfrutar de tal diversión, el resultado fue diferente a lo esperado. Primero tuvimos que ir sorteando todos estos árboles enfermos que manchan nuestros coches y las aceras haciéndolas pegajosas. ¡Si, es verdad, probad a hacer andar vuestros niños ahí, literalmente se quedan pegados al suelo! Después descubrimos que los castillos, a pleno sol, se transformaron en una sauna improvisada en la cual solo sobrevivían los niños cuyos padres pensaron en traerles agua. A esto añadir que estaban situados junto al “pipican” el cual dejaba un perfume de lo más lindo. Por cierto, los bancos siguen dándo la espalda al parque que está pegado a este mismo “pipican”.
Para descansar de esta actividad, los niños acudieron entusiasmados e ilusionados para montar al trenecito. Al poco de iniciarse la marcha, tras incorporarse a la avenida Juan Carlos I, frenada del tren, motivo: primer bache que se transforma en rompe espalda lo que se ve sucedido por más de 7 badenes y 4 zanjas. ¡Así llegaban todos con la espalda doblada pensé yo al ver los padres bajar del viaje anterior! Imaginad un segundo recorrer la avenida con todos estos "rompe huesos" a los que se añaden los baches de la propia calzada por zanjas mal cerradas. En resumen un insufrible viaje. Mas divertido hubiera sido un recorrido por la zona verde próxima a las vías.
Esta situación es la que diariamente sufrimos los motoristas y automovilistas que vivimos en nuestro barrio. Queda claro que ni el tren ni los castillos eran responsables de tal situación (el conductor pasaba lo más despacio posible por los baches) sino un claro mal estado de las calles de nuestro barrio, utilización de badenes que no cumplen la normativa vigente y una ubicación inadecuada de los castillos en unos parques en los que los árboles son prácticamente inexistentes.
Invito a nuestros ediles a que disfruten de la misma experiencia, no solo ese día sino todos los días del año como nosotros y así seguro que tomarían las medidas oportunas para evitar tales males, que nuestras espaldas y suspensiones de vehículos se merecen un poco de alivio. La ineficacia de estos badenes se ha demostrado en muchas ocasiones con las carreras de fin de semana, coches que pasan por ello como si nada ya que algunos dicen que cuando más rápido menos se notan, lo cual redunda en un resultado totalmente opuesto a lo deseado. Porque no tomar ejemplo de Torrejón de Ardoz que con sus badenes que cumplen la normativa han conseguido que los coches respeten los límites de velocidad sin producir daños ni a pasajeros ni a vehículos.
El Pesao